FREEMAN: 30 años en cabina «éramos libres y no lo sabíamos»
Tres décadas después de ponerse por primera vez al frente de una cabina, Freeman celebra 30 años como DJ con un All Night Long el próximo sábado 17 de octubre. Una noche concebida como un viaje por su propia historia musical, acompañado por amigos, compañeros de profesión y diferentes generaciones de DJs. Antes de la celebración hablamos con él de vinilos, clubes, tecnología, Madrid, Ibiza, Berlín, sacrificios, familia, nuevas generaciones y, sobre todo, música. Mucha música.
La trayectoria de Freeman comenzó en 1996 en un pequeño pub de Fuenlabrada llamado Te Pillé. Treinta años después continúa detrás de los platos y, entre medias, quedan miles de horas de música, vinilos, carreteras, noches y mañanas; cabinas como las de FABRIK, Privilege Ibiza, Bora Bora Ibiza, Maria Club de Berlín o Sala BASS; producción musical, radio, docencia y tres décadas observando la evolución de la cultura de club desde un lugar privilegiado: la cabina.
El próximo sábado 17 de octubre de 2026, Freeman celebrará esos 30 años haciendo precisamente lo que lleva haciendo desde finales de los 90. Pero antes de que suene el primer disco, nos sentamos con él para mirar hacia atrás.
Treinta años de música
Treinta años como DJ se dice rápido… ¿qué sientes cuando miras atrás y te das cuenta de que llevas pinchando desde 1996?
FREEMAN: La verdad es que todavía no soy consciente de que hayan pasado 30 años. Todo ha sucedido muy rápido. Lo que sí tengo claro es que, cuando empecé a pinchar en 1996, ni por asomo podía imaginar que tres décadas después iba a seguir aquí, haciendo lo que más me gusta y cumpliendo aquel sueño con el que empezó todo.
Mirarlo ahora con perspectiva impresiona. Han cambiado muchas cosas durante estos años, pero hay algo que sigue exactamente igual: las ganas de ponerme detrás de una cabina y hacer disfrutar a la gente con la música.
¿Recuerdas la primera vez que te pusiste detrás de una cabina con público? ¿Qué queda de aquel Freeman de 1996?
FREEMAN: Sí, claro que me acuerdo. Fue en un pequeño pub llamado Te Pillé, en la calle Castillejos de Fuenlabrada, Madrid. Ahí empezó todo. De aquel Freeman sigo conservando la capacidad de lucha, el esfuerzo y el tesón por seguir adelante. Nadie te regala nada en ningún sector, pero quizá en este la competencia sea todavía más dura.
Mantenerte durante 30 años requiere mucho más que saber pinchar. Hay que trabajar, evolucionar, adaptarse y levantarse muchas veces. Esa constancia que tenía cuando empezaba sigue siendo una parte fundamental de quien soy hoy.
Has vivido tres décadas de música electrónica. ¿Cuál ha sido el cambio más radical?
FREEMAN: Sin duda, la llegada de las nuevas tecnologías y toda la era digital. Antes todo era analógico y, de alguna manera, también era más romántico y más bohemio. Para conseguir una buena maleta de vinilos tenías que patearte Madrid, visitar tiendas, buscar, escuchar muchísimos discos y dedicar horas hasta encontrar esa música que realmente te diferenciaba del resto.
Ahora, desde casa, prácticamente tienes toda la música del mundo al alcance de la mano. La tecnología nos ha dado posibilidades increíbles y muchísimas facilidades, pero creo que también hemos perdido parte de aquel esfuerzo que había detrás de la búsqueda de música. Tenemos muchas más facilidades, sí, pero quizá también hacemos menos esfuerzo.
¿Qué recuerdas de aquella cultura del vinilo?
FREEMAN: Aquello era mágico. Cada semana esperabas el momento de ir a escuchar las novedades. Te pateabas las tiendas de vinilos de la calle de la Palma, Corredera Alta y Baja de San Pablo, Madrid Rock, El Corte Inglés… Podías dedicar una tarde entera exclusivamente a buscar esas joyas que muy pocos podían llevarse.
Muchos vinilos de electrónica tenían tiradas pequeñas y a cada tienda llegaban pocas unidades. Si además tenías buena relación con el dueño o el responsable, podía guardarte una copia de alguno de los mejores discos de aquella semana. Y eso podía marcar la diferencia. Tener determinados vinilos podía hacer incluso que tuvieras más o menos bolos. Si tú conseguías un disco que estaba funcionando y muy pocos DJs tenían, poseías algo especial.
Era un combate semanal. Y se han perdido también esos momentos mágicos de coger por primera vez un vinilo en la tienda, ponerlo sobre el plato, dejar caer el brazo y… ¡Pummm! Escucharlo por primera vez. Esos momentos no volverán.
¿Y qué tenían las noches de los 90 y los 2000 que resulta tan difícil encontrar hoy?
FREEMAN: Lo principal es muy sencillo: simplemente no teníamos móviles y eso nos hacía libres, aunque no lo sabíamos. No había postureo; cuando salías, lo hacías para bailar, escuchar música y disfrutar del club o de la discoteca. Vivías el momento, lo saboreabas y lo exprimías al máximo. No estabas pendiente de hacer una foto, grabar un vídeo o subir algo a las redes sociales. Tampoco existía esa necesidad permanente de demostrarle al mundo dónde estabas o lo bien que supuestamente te lo estabas pasando. No necesitábamos demostrar que éramos felices.

De Fuenlabrada a las grandes cabinas
Si tuvieras que elegir tres momentos fundamentales de estos 30 años, ¿cuáles serían?
FREEMAN: Es complicado quedarse solamente con tres. El primero sería mi primera gran residencia, en la sala Xcándalo de Fuenlabrada, con 22 años. Fue el momento en el que empecé a sentir que aquello que había comenzado como un sueño podía convertirse realmente en una carrera.
El segundo, la primera vez que pinché en la Main Room de FABRIK, en 2008. Y el tercero, mi primera actuación en Berlín, en Maria Club. Llegar con tu música a una ciudad que representa tanto para la cultura electrónica fue muy especial.
Hay muchísimos más, pero esos tres representan las diferentes etapas de mi carrera: crecer, llegar a una de las grandes cabinas y cruzar nuestras fronteras.
¿Qué cabinas recuerdas de una manera especial?
FREEMAN: No podría quedarme solamente con una. FABRIK, por supuesto. También Privilege Ibiza, antes de la reforma actual, cuando la pista todavía tenía aquella mítica piscina. Bora Bora Ibiza también tenía magia. Era una manera de vivir la música completamente diferente. Y recuerdo con muchísimo cariño la cabina de la Sala Público, en la Plaza de los Mostenses de Madrid. Con el tiempo entiendes que no siempre recuerdas una cabina por su tamaño o importancia, sino por lo que sentiste cuando estabas dentro.
Después de 30 años, ¿todavía existen los nervios antes de pinchar?
FREEMAN: Los nervios se han transformado en otra cosa, en un respeto por la sala, por el público y responsabilidad por estar a la altura de lo que la gente espera de mí. Después de 30 años todavía me sigue flipando pensar que alguien coge su coche, el metro, un autobús o un Uber para ir a una sala y ponerse delante de una cabina a bailar mientras tú pinchas. Esto, que una persona decida dedicar una parte de su tiempo a ir a escucharte, es algo difícil de explicar y me produce una enorme satisfacción y alegría, pero también responsabilidad.
El oficio de DJ
¿Qué significa para ti saber pinchar de verdad?
FREEMAN: Es un concepto que engloba muchísimas cosas, desde la técnica, la selección musical, la psicología de pista, hasta el conocimiento del club o entender a tu público y saber interpretar qué está ocurriendo en cada momento. Ser DJ es mucho más complicado que cuadrar dos temas y ecualizarlos correctamente.
Puedes aprender técnica relativamente rápido, pero aprender a leer una pista requiere tiempo. Saber cuándo apretar, cuándo bajar, cuándo arriesgar o cuándo olvidarte completamente de lo que habías pensado hacer. Eso no te lo enseña ninguna máquina, te lo dan los años y muchísimas horas de cabina.
¿Se llega a conocer completamente una pista de baile?
FREEMAN: Nunca al cien por cien. Tú vas probando y observando por dónde responde mejor. Cada noche, y cada mañana, es diferente. Aunque estés en el mismo club, tienes delante un público nuevo al que debes testear, entender y respetar. Puedes llegar con una idea de por dónde quieres llevar la sesión, pero esa idea puede cambiar completamente.
Para mí hay una máxima muy clara: EL CLUB MANDA y hay que saber leer las señales de la pista. Las caras, el movimiento, las reacciones, cuándo quieren que aprietes y cuándo necesitan respirar.

Enseñar a la siguiente generación
¿Por qué nace Adagio DJ School?
FREEMAN: Adagio DJ School nació para dar respuesta a otra faceta que siempre ha formado parte de mí: la enseñanza. Siempre me ha gustado transmitir mis conocimientos. Evidentemente, cuando hablamos de música y del mundo DJ estamos hablando de algo que me apasiona especialmente y para lo que, después de tantos años, me siento cualificado.
Pero tenía claro que saber hacer algo no significa automáticamente saber enseñarlo. Antes de comenzar a dar clases me formé, leí, observé y construí un método de enseñanza específicamente aplicado al mundo DJ. La escuela comenzó en 2015 y desde entonces el aprendizaje también ha sido mío. He mejorado como profesor y hemos perfeccionado el método.
Para mí es una vertiente más de mi carrera como DJ. Una ventana desde la que puedo transmitir a mis alumnos conocimientos, pero también la pasión por la música que llevo dentro.
Cuando observas a tus alumnos, ¿te reconoces en ellos?
FREEMAN: Hay de todo. En algunos sí consigo verme reflejado, aunque creo que a muchos les falta todavía ese punto de ambición, seguridad y tenacidad para perseguir realmente aquello que quieren. A veces tengo que recordarles que yo era exactamente como ellos. Era un chaval de Fuenlabrada al que no conocía nadie. No tenía padrinos ni nadie que me colocara en una cabina. Tenía un sueño y decidí luchar por él. Y aquí estoy, 30 años después.
Siempre intento transmitirles algo muy sencillo: «Si yo he podido, tú también puedes. Solo tienes que empezar a caminar y luchar por tu sueño».
Si pudieras hablar cinco minutos con aquel Freeman de 1996, ¿qué le dirías?
FREEMAN: Le diría tantas cosas… Para empezar, que comenzara a producir música desde 1996. Que no esperase. Y le diría: «Vales para esto, no permitas que nadie consiga apartarte del camino».
Pero no todos mis consejos tendrían que ver con la música. Le diría que siguiera estudiando y formándose académicamente. Porque se puede ser DJ y ser Licenciado en Derecho, como es mi caso. La educación y la cultura son necesarias. No hay que centrar toda la vida exclusivamente en una única cosa.
También le diría que aprendiera a tocar un instrumento —si puede ser, el piano— y que abriera mucho más la mente para descubrir otros géneros musicales. Cuanto más escuchas, estudias y conoces, más creces como DJ.
Y le diría que confiara más en sí mismo.
17 de Octubre. 6 horas para contar 30 años
¿Por qué celebrar los 30 años con un All Night Long de seis horas?
FREEMAN: Creo que no hay mejor manera. Seis horas para intentar resumir 30 años de música y compartirlos con el público. Podría haber pensado muchas formas de celebrar este aniversario, pero todo comenzó en una cabina y creo que es precisamente ahí donde tiene que celebrarse.
¿Cómo se prepara musicalmente algo así?
FREEMAN: Llevo varias semanas escuchando, recopilando, seleccionando y ordenando. Es un trabajo minucioso y complejo que requiere muchísimas horas. Porque no estoy seleccionando simplemente buenos discos, sino que cada canción es un momento de mi vida, cada canción es un recuerdo con alguien y cada canción representa una parte de estos 30 años. Y después llega elegir, que es lo más difícil.
Solamente tengo seis horas. Serán todas las que estén, pero no estarán todas las que son. Podría tirarme 24 horas pinchando y probablemente seguirían quedándose fuera canciones importantes.
¿Volver a escuchar esos discos está despertando recuerdos?
FREEMAN: Muchísimos. Hay canciones que hace años que no pincho y que, al volver a escucharlas, han desbloqueado recuerdos que parecían guardados en algún lugar de mi cabeza.
Estoy seguro de que será bonito vivir el resultado final de la fiesta del 17 de octubre, pero tengo que reconocer que el camino hasta llegar a ella me está encantando. La preparación me está llevando al Freeman de los 90, al de los 2000, al de 2010 y al Freeman actual. Es casi una conversación musical con todas las versiones de mí mismo que han pasado por una cabina durante estos 30 años.
En realidad, la celebración ya ha comenzado.
Además, estarás acompañado por amigos y compañeros…
FREEMAN: Sí, y para mí significa muchísimo. Estarán Ismael Rivas, Arturo Grao, Miguel Vizcaíno, Martín R, Edgar VM, Alberto Santana y L. Ángel, además de alumnos, amigos y personas que han formado parte de diferentes momentos de mi carrera.
Quiero mencionar especialmente a L. Ángel, porque fue una de las primeras personas que apostó por mí cuando prácticamente nadie lo había hecho y también estará acompañándome en cabina. Que tus amigos y compañeros quieran apoyarte y acompañarte en una celebración así te hace sentir muy feliz y realizado.
La idea de esa noche es muy sencilla: Bailar, reír, gozar, cantar… y olvidarnos durante unas horas de todo lo demás. Quiero ser el motor musical de esa celebración.

«Va por vosotros»
¿A quién dedicas estos 30 años?
FREEMAN: A mi mujer, por estar ahí siempre, sin una mala cara ni una mala palabra.
A mi hija, por obligarme a escuchar música nueva… aunque yo no quiera.
A mi padre, por todas sus enseñanzas musicales y por compartir conmigo horas de cabina desde que era muy pequeño.
A mi madre, por apoyarme siempre y ser mi fan número uno.
Y a mi hermana, por ser probablemente la persona que más me ha bailado en toda mi vida.
También a mis amigos, que me han seguido por cada sala, club o discoteca durante todos estos años y todavía hoy siguen haciéndolo.
Y, en general, a todo aquel que alguna vez me ha bailado. Esta noche también es vuestra.
VA POR TODOS VOSOTROS. ¡GRACIAS!
Tres décadas, tres discos
Si solamente pudieras escoger tres temas para explicar musicalmente tu evolución…
FREEMAN: INVISIBLE LIMITS – “GOLDEN DREAMS” representaría a mi yo de 1996.
MOLOKO – “SING IT BACK” (MOUSSE T.’S FEEL LOVE MIX) sería mi yo de los 2000.
Y SAM PAGANINI – “RAVE” representaría al Freeman de estos últimos diez años.
Son tres discos muy diferentes, pero ahí está también mi evolución. Nunca he querido quedarme encerrado en un único sonido. El Freeman que pincha hoy también está construido con todos los Freeman que existieron antes.
¿Qué tiene que tener hoy una canción para entrar en tu maleta?
FREEMAN: Mucho groove, un buen bombo y conseguir que me mueva. Parece sencillo, pero no lo es. Soy muy selectivo.
Sobre todo, tiene que tener alma. Tiene que contarme algo. Me da igual la etiqueta o el género. Antes que el género está la música. Y antes que la etiqueta, la emoción.
¿Sigues teniendo hambre por descubrir música?
FREEMAN: Totalmente. Sigo escuchando podcasts de música, sigo comprando libros sobre artistas, grupos, historia de la música…Soy un friki de la música.
Siempre queda algo por descubrir: un artista que no conocías, un disco antiguo al que nunca habías llegado, otro género que investigar o una canción nueva capaz de sorprenderte. Cuanto más aprendo, más consciente soy de todo lo que todavía me queda por conocer.
No voy a poder vivir lo suficiente como para escuchar y descubrir toda la buena música que todavía no he escuchado.
«El amor por la música siempre ha tirado de mí»
¿Alguna vez has pensado seriamente en dejarlo?
FREEMAN: ¿Una? Muchas. Pero el amor por la música siempre ha tirado de mí.
Este mundo está lleno de altibajos. Hoy gustas y mañana no. Hoy eres un crack y mañana eres un mierder.
Después de 30 años daría un consejo que creo que sirve para cualquier ámbito de la vida: Cuando te alaben y te digan lo bueno que eres, no te lo creas demasiado ni te vengas excesivamente arriba. Pero el día que te critiquen o no les guste tu trabajo, tampoco permitas que eso te hunda. Sigues siendo exactamente la misma persona que dos días antes les encantaba.
Para mí hay una palabra fundamental: inteligencia emocional. Tienes que aprender a gestionar tanto los aplausos como las críticas. Solo tú eres dueño de tus emociones. Y en el mundo DJ, todavía más.
Treinta años de noche también tienen un precio…
FREEMAN: Muchas horas sin estar con mi familia. Muchas horas sin estar con mis amigos. Y muchas horas de sueño que todavía le debo a mi cuerpo.
También existe una parte física: pérdida de audición y acúfenos permanentes en ambos oídos.
Han sido muchos fines de semana trabajando mientras los demás descansaban, muchas noches, muchas mañanas y muchos momentos en los que no has podido estar con las personas que quieres. Pero si miro hacia atrás y me preguntas si ha merecido la pena, mi respuesta es muy sencilla: Sí. No lo cambiaría.
Si pudieras volver solamente a una noche de estos 30 años, ¿cuál sería?
FREEMAN: Una noche en Sala BASS, en Callao, un sábado de OHM. Fue una de esas noches en las que parece que se juntan todos los astros. Creo que fue la sesión perfecta. Música, público, sala, energía… todo funcionó.
Yo hice el cierre y todavía recuerdo perfectamente las luces de la sala ya encendidas, la pista llena y una sensación de energía, sentimiento y unión entre la cabina y el público que no he vuelto a experimentar de aquella manera.
He vivido noches increíbles, pero no recuerdo algo tan brutal como aquella sesión. Si pudiera utilizar una máquina del tiempo durante unas horas, volvería allí sin pensarlo.

El guion todavía está en blanco
El 17 de octubre, cuando terminen las seis horas y vuelvan a encenderse las luces, ¿qué te gustaría sentir?
FREEMAN: Me gustaría que todos los que vengan disfruten, bailen, rían, lloren y sientan lo que cada canción les provoque. Porque realmente no considero que sea mi fiesta, es la fiesta de todos los que vais a estar allí. Yo solamente voy a ser el conductor musical durante esas seis horas, pero el guion lo vamos a escribir entre todos.
Y ahora mismo ese guion todavía está completamente en blanco. Yo puedo preparar la música, seleccionar los discos, ordenar recuerdos e imaginar determinados momentos. Pero luego llegará el público y empezaremos a escribir entre todos la historia de esa noche.
Tengo la sensación de que va a quedar una buena película. Y quién sabe…, quizá dentro de unos años, cuando alguien vuelva a preguntarme cuál ha sido la mejor noche de mi vida como DJ, tenga que cambiar la respuesta.
Quién sabe si el 17 de octubre será la nueva mejor noche de mi vida como DJ.
Freeman, después de 30 años… ¿por qué sigues siendo DJ?
FREEMAN: Porque la música es mi vida y ser DJ es mi forma de expresión artística y musical.
Después de 30 años sigo encontrando en una cabina la mejor manera que conozco de expresarme, comunicarme con los demás y contar quién soy a través de la música. POR ESO SIGO SIENDO DJ.

Valoro tú incasable esfuerzo, ilusión, y lucha.
Maldigo, las horas que me robó de estar contigo. Fiestas familiares, navidades……
Pero entiendo tù determinación, y lucha imparable. Estoy contigo siempre, muy orgullosa de ti!
Me gusta tú trabajo, no pares nunca!