Los años dorados del FIB: la década en la que Benicàssim dominó el verano europeo
Entre 2003 y 2012, el Festival Internacional de Benicàssim vivió la etapa más espectacular de toda su historia. Fue la década en la que el festival alcanzó dimensión global, llenó portadas internacionales y consiguió competir de tú a tú con los grandes festivales europeos, algo que muy pocos imaginaban en sus primeros años.
Durante aquellos veranos, Benicàssim dejó de ser únicamente un destino de playa, convirtiéndose en en un lugar de peregrinación musical donde miles de personas llegaban desde Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y prácticamente toda Europa para vivir varios días de conciertos, calor extremo, playa y noches interminables frente al Mediterráneo.

El crecimiento definitivo del festival
A comienzos de los 2000, el festival ya había dejado atrás la etapa “alternativa” de supervivencia. La maquinaria empezaba a funcionar a gran escala con grandes patrocinadores y acuerdos turísticos, además de una presencia masiva en prensa europea, escenarios cada vez más grandes y retransmisiones internacionales. Esto fue el comienzo de esa cultura festivalera española que estaba explotando, donde el FIB seguía ocupando un lugar especial.
Quizá era la mezcla entre vacaciones y música; quizá la influencia británica; o esa sensación permanente de estar viviendo algo caótico pero mágico, donde los carteles seguían marcando una generación. De hecho, hubo ediciones concretas que definieron completamente la identidad del festival. Una mezcla de indie, electrónica, rock alternativo y nuevas tendencias de una manera natural lo convertían en ese evento especial por encima de otros.
La edición de 2005 confirmó definitivamente el salto internacional del festival. Por Benicàssim pasaron nombres gigantescos como: Oasis, The Cure, Kaiser Chiefso o Röyksopp, cosa que hizo que el recnito empezará a quedarse pequeño para albergar a tanta gente. En esta línea, los dos años siguientes fueron los que ubicaron al FIB en el recuerdo de muchos con las actuaciones de Depeche Mode, Franz Ferdinand, Muse, Scissor Sisters o Arctic Monkeys.

Comienza el reinado de la música electrónica
Durante esta etapa, aunque el indie seguía siendo el gran motor del festival, la electrónica empezó a ganar muchísimo protagonismo y las madrugadas del FIB se hicieron legendarias de la mano de Justice, 2manydjs, LCD Soundsystem o The Chemical Brothers, todos ellos en un gran momento de explosión creativa y visual. Era lo mejor que podías ver en esos años donde los música electrónica en formato live no era tan común como ahora.
Todo esto siguió evolucionando en el tiempo y para los años 2008 y 2009 el festival alcanza su máximo nivel mediático. Revistas británicas como NME hablaban continuamente del FIB y muchas bandas empezaban a considerar Benicàssim una parada imprescindible del verano europeo. Los carteles seguían creciendo y, lo más importante, la esencia continúa intacta pese a la masificación que está sufriendo el festival. Caminar bajo 35 ºC, ver conciertos al atardecer, terminar bailando electrónica al amanecer, perder amigos entre escenarios y reencontrarse horas después en el camping convertía al FIB en una especie de micro universo temporal.

Los precios crecían… pero también el espectáculo
Todo esto, claro está, se vio repercutido en los precios. A mediados de los 2000, el abono completo podía situarse ya entre los 150 y los 250 euros dependiendo de la edición y el momento de compra, pero el público seguía respondiendo porque el FIB todavía conservaba esa autenticidad que otros festivales empezaban a perder.
Todavía existía la improvisación y el caos y seguía pareciendo una aventura. No era Glastonbury. Ni Reading. Ni siquiera Roskilde. Era Benicàssim; un festival mediterráneo donde convivían guitarras, electrónica, playa y cultura internacional. Un lugar donde miles de personas sentían que estaban viviendo el centro cultural del verano europeo.
Aquellos años construyeron una leyenda que todavía sigue viva en la memoria colectiva de toda una generación. Porque hubo un tiempo en el que el verano sonaba a amplificadores, sintetizadores y amaneceres frente al mar. Y ese sonido venía de Benicàssim.
Para más información y entradas, visita la página web de FIB Benicàssim.
