Brunetto reconstruye su propio mapa emocional a través del trip hop, la electrónica libre y la memoria callejera con «Ooparts»

En un momento en el que gran parte de la música electrónica tiende a lo inmediato, Brunetto decide ir por otro camino. Con «Ooparts», su nuevo mini-álbum publicado a través de Beautiful Accident, el productor sevillano-barcelonés entrega una obra que no pretende funcionar como “producto”, sino como un relato emocional construido a lo largo de cinco años. Seis cortes que funcionan como pequeños artefactos sonoros, de ahí el guiño del título, que reúnen beats urbanos, trip hop, sampleo intrincado y atmósferas cinematográficas donde cada detalle respira intención.

Hablar de Brunetto es hablar de una trayectoria singular dentro de la electrónica española: MC en los 90, DJ residente con una media de cuatro sesiones semanales, productor inquieto que ha pasado del big beat al IDM, del downtempo al hip hop abstracto, y a su vez una de las figuras fundamentales en la comunicación musical en nuestro país. Pero «Ooparts» no es un ejercicio de nostalgia ni un resumen de carrera: es la confirmación de una etapa madura, precisa, honesta y profundamente personal.

Un disco que piensa en imágenes: la narrativa sonora como eje

La primera escucha de «Ooparts» ya deja claro que estamos ante un trabajo concebido como cine para los oídos. No es casual que el propio Brunetto hable de una “atmósfera cinematográfica” como el hilo conductor de estos cinco años de composición: aquí los sonidos no están elegidos por estética, sino por carga emocional.

La apertura con “War Games 2025” (feat. Young Quincy) es un manifiesto en sí misma. El beat es lento, robusto, casi amenazante, y la voz de Quincy se desliza como un narrador urbano que camina entre luces de neón. Es un choque entre lo futurista y lo callejero, entre el peso y la calma, entre lo que arde por dentro y lo que apenas se dice en voz alta.

El tema central, “Ooparts”, funciona como el corazón del mini-álbum. Downbeats suaves, una construcción ambiental muy detallada y un tratamiento del sample casi artesanal. Es introspectivo, elegante y lleno de pequeños matices que se revelan con cada escucha. Un corte que bebe de la tradición del trip hop clásico pero con una sensibilidad contemporánea que evita cualquier nostalgia gratuita.

En “Blade Rana”, Brunetto se permite su momento más libre. No es una pieza que busque estructura, sino movimiento: ritmos que cambian, paisajes que se desdoblan, una especie de pulsación interna. Aquí se nota la mano del creador sin corsés, del productor que disecciona y vuelve a construir.

El punto más emocional llega con “Nyarlathotep” (feat. Ëda Díaz). La voz de Ëda no actúa como acompañamiento, sino como un personaje más dentro de la narrativa. Su interpretación añade fragilidad, oscuridad y un toque místico que convierte el tema en uno de los más sólidos del proyecto. Es trip hop en estado emocional, no estético.

Te hunde”, por su parte, es un descenso íntimo: un tema contenido, pesado, casi confesional. Un pequeño ejercicio de vulnerabilidad sonora.

El cierre, “Corners, Bees and Weasels”, funciona como epílogo perfecto: cálido, detallista, claramente artesanal. Un tema que parece hecho para escuchar con cascos, a solas, con la ciudad respirando al fondo.

Cinco años de creación: un laboratorio personal

Entre 2019 y 2024, Brunetto no ha dejado de trabajar, aunque haya estado más presente en la trastienda que en el escaparate. Su labor como press officer y periodista musical para nombres tan relevantes como Trentemøller, Rinôçérôse, L’Entourloop, Kasper Bjørke o Cristian Varela le ha permitido observar la escena desde un ángulo privilegiado. Esa mirada, sumada a su experiencia previa como MC y DJ, se traduce en Ooparts en una música que respira vida real, esa mezcla de calle, clubs, referencias globales y sensibilidad íntima.

Las colaboraciones de Ëda Díaz y Young Quincy no son añadidos, sino piezas fundamentales del rompecabezas. Sus voces aportan color, identidad y contraste, fusionando culturas y referencias ,de lo afrocaribeño a lo latino, de lo europeo a lo urbano, pero sin caer en fórmulas previsibles.

Un creador que no sigue tendencias: las huellas del pasado, el pulso del presente

Brunetto nunca ha sido un artista de nicho ni de moda: ha sido un constructor constante, uno de esos productores que entienden la música como oficio, como exploración y como lenguaje personal. Y «Ooparts» es un recordatorio de ello.

Sus inicios en los 90 con una Roland SP-808, sus años como MC junto a DJs del DMC World España, su paso por BOCKORS, llegando a compartir escenario con The Chemical Brothers, The Prodigy, Junkie XL o Lunatic Calm, y su presencia en festivales como Sónar, Mutek, Piknic Électronik, Territorios Digitales o CCCB son capítulos que explican su forma de producir: mezcla, curiosidad, riesgo y un profundo respeto por la cultura electrónica.

En «Ooparts», todo ese bagaje aparece de forma depurada, concisa y emocional. No estamos ante un EP más: es una obra con identidad propia. Una pieza que funciona por capas, que gana cuando se escucha atenta, que no busca la pista sino el pensamiento, la memoria y la imagen. Y, sobre todo, es un paso firme dentro de la evolución de Brunetto, un creador que nunca ha dejado de reconstruirse y un ejemplo de que la calidad de productores de nuestro país es muy alta y, como siempre hemos dicho, demasiado infravalorada.

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