La explosión internacional: cuando el FIB se convirtió en el festival favorito del público británico
A finales de los años 90 ocurrió algo que cambió para siempre la historia del Festival Internacional de Benicàssim. Lo que había comenzado como un festival alternativo con alma independiente empezó a crecer a una velocidad inesperada, y cada verano llegaban más asistentes, más medios internacionales y, sobre todo, más público británico, convirtiéndose en uno de los destinos musicales más importantes de Europa.
La mezcla de componentes era irresistible: playa mediterránea, noches interminables, carteles cada vez más ambiciosos y una identidad muy distinta a la de otros festivales europeos. Mientras que en Reino Unido el clima podía convertir cualquier festival en una batalla contra el barro, el FIB ofrecía calor, vacaciones y música hasta el amanecer.
El britpop encontró su segunda casa en España
La segunda mitad de los 90 estuvo marcada por el dominio absoluto del britpop y la música alternativa británica. Bandas como Oasis, Blur, Suede o Pulp habían convertido Reino Unido en el epicentro cultural de Europa y, el FIB supo leer aquella ola antes que muchos otros festivales.
Mientras en España todavía existía cierta distancia entre la industria musical nacional y las grandes giras internacionales, Benicàssim apostó fuerte por traer artistas que en aquel momento eran portada en la prensa musical británica.
A principios de los 2000, el fenómeno ya era evidente. Miles de jóvenes británicos viajaban cada verano hasta Castellón únicamente para vivir la experiencia FIB. Las aerolíneas comenzaron a detectar el movimiento y aparecieron paquetes vacacionales, vuelos especiales y agencias que organizaban viajes completos desde ciudades como Londres, Manchester o Liverpool. De hecho, en algunos años, el porcentaje de público internacional llegó a ser enorme, con una presencia británica absolutamente dominante. Y eso transformó el ambiente del festival.
El inglés comenzó a escucharse prácticamente tanto como el español dentro del recinto y en las calles de Benicàssim. Los bares adaptaban horarios, los supermercados reforzaban plantillas y los apartamentos turísticos colgaban el cartel de completo durante semanas. El FIB había dejado de ser un festival nacional.

Los carteles que empezaron a hacer historia
El crecimiento del festival vino acompañado de carteles cada vez más ambiciosos. El FIB comenzó a competir directamente con grandes eventos europeos gracias a una programación que mezclaba indie, electrónica, rock alternativo y cultura club. Por los escenarios de Benicàssim empezaron a pasar artistas fundamentales de aquella generación como Radiohead, Massive Attack
The Chemical Brothers, Placebo, PJ Harvey, Moby, Primal Scream o Morrissey, construyendo la leyenda del festival.
Uno de los grandes secretos del FIB fue entender que un festival no debía ser únicamente música, sino que se debía apostar por una experiencia completa (concepto que tan de moda está ahora en muchos de los grandes festivales). Durante el día, la playa; por la tarde, descanso en apartamentos o camping y; l caer el sol, comenzaban los conciertos que se alargaban hasta el amanecer. Todo esto generó una cultura propia.

El crecimiento de asistentes y el salto económico
Las cifras comenzaron a dispararse edición tras edición. Lo que en 1995 había arrancado con unos pocos miles de asistentes terminó creciendo hasta superar ampliamente las decenas de miles de personas por edición durante los años de expansión internacional y, con ello también llegaron patrocinadores internacionales, cobertura mediática europea, retransmisiones especiales, acuerdos turísticos y campañas internacionales, haciendo que el precio de los abonos también empezó a crecer de forma progresiva.
A finales de los 90 y primeros 2000, un abono completo podía rondar ya entre las 18.000 y las 30.000 pesetas (lo que equivaldría a 108,18 – 180,30 €) dependiendo de la edición y la anticipación de compra. Aun así, seguía siendo competitivo frente a muchos festivales europeos. El público sentía que estaba pagando por algo más que conciertos, pagaba por una experiencia.
Las noches electrónicas que cambiaron el festival
Aunque el indie fue el gran motor inicial del FIB, la electrónica comenzó a ganar cada vez más protagonismo durante esta etapa. La cultura club europea estaba viviendo un momento histórico y Benicàssim se convirtió en uno de los puntos clave del verano para DJs y artistas electrónicos haciendo que las madrugadas del FIB fueran, en muchas ocasiones, legendarias con nombres como Jeff Mills, Carl Cox, Laurent Garnier o The Chemical Brothers.

El impacto sobre Benicàssim y la cultura festivalera española
A principios de los 2000, el FIB ya había cambiado completamente la economía y la imagen internacional de Benicàssim. Durante varias semanas al año, la localidad se transformaba ya que las calles se llenaban de idiomas distintos, las tiendas adaptaban horarios y el turismo musical empezaba a demostrar que podía convertirse en una industria gigantesca.
Pero el impacto más importante quizá fue otro, ya que el FIB abrió el camino para la explosión de festivales en España. Muchos de los eventos que aparecerían años después entendieron gracias a Benicàssim que existía un público dispuesto a viajar, convivir y convertir la música en una experiencia total, creando una forma completamente nueva de entender el verano musical español.
Hubo un momento en el que el FIB parecía imparable, salir en su cartel significaba prestigio internacional y conseguir entradas empezaba a convertirse en una tradición anual. Aquellos años construyeron la leyenda, porque antes de que llegaran las macroproducciones actuales, las redes sociales o los festivales convertidos en gigantes corporativos, el FIB representó algo mucho más espontáneo: la sensación de estar viviendo el centro cultural del verano europeo junto al mar Mediterráneo.
Para más información y entradas, visita la página web de FIB Benicàssim.
